Publicado: 18 de Septiembre de 2018

Los cachorros comienzan a ser vacunados a partir de las 12 semanas de vida (aproximadamente). Antes de esa etapa, los anticuerpos maternos pueden contrarrestar los efectos. Por ello, en cuanto se puede vacunar a los canes al dejar de consumir leche de la madre, se ha de hacer.

Cuando se compra un perro, suele entregarse con la cartilla sanitaria y una dosis de algunas vacunas obligatorias. Si el animal no ha sido inmunizado, no puede tener contacto con otros, ya que es más propenso a contagiarse de enfermedades e infecciones.

Al aplicar la vacuna, el can recibe un preparado de antígenos para un virus específico. De esta manera, el organismo debe reaccionar y actuar sobre esos microorganismos para que no se sigan reproduciendo.

Tras vacunar al perro, puede sufrir una disminución de la inmunidad celular y enfermar (como sucede con las personas al vacunarse de gripe, por ejemplo). A pesar del estado transitorio de inmunodepresión, es fundamental que estén protegidos de virus y bacterias. Si en el futuro está en contacto con los organismos causantes de las patologías para las que fue inmunizado, no se contagiará.

Cuando una mascota fue vacunada, es menos probable que sufra enfermedades graves e incluso mortales. Además, se evita la transmisión a las personas, como en el caso de la rabia. Se deben aplicar las vacunas obligatorias (y las opcionales) cuando el animal esté sano y en buenas condiciones. Los efectos secundarios de las vacunas son completamente normales e incluso esperables.

Por ejemplo, puede tener fiebre alta en las horas siguientes a la aplicación, aparición de ronchas, granitos o picores, sobre todo en la zona donde se colocó la aguja, y desarrollo de quistes. En este último caso, se debe a que el animal no se ha quedado quieto durante la punción, o bien que el líquido de la inyección no ha fluido por la sangre. Si perdura por varios días, debemos llevarlo al veterinario.